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lunes, 30 de marzo de 2015

Lista pero tonta.







'Por dentro todos somos mejores'.
Batania.


Un bote de nocilla, una playa nevada, pasear en coche con la música alta y las ventanillas desnudas, tu tarta favorita, el olor de las sábanas recién lavadas, el césped mojado, una copa –detrás de otra-, las mariposas del estómago, un amanecer, una sorpresa, el sexo inesperado, las ganas, la valentía, algunos besos, el tiempo libre, una mirada llena de sonrisas, abrazos en medio de la nada, los golpes de suerte y ropa interior en el suelo.

Una llamada inesperada, el chocolate, un libro, una ducha caliente en pleno invierno sin mí, una canción que hable de nada, la lluvia sin paraguas, las palomitas en el cine, las olas que te arrastran a la orilla, un pecho descubierto de escudos, amigos que se quedan, el circo que alegraba siempre el corazón, la risa imparable, las cartas en el buzón, el sonido de una máquina de escribir, el primer beso, el guiso de tu madre, los semáforos en verde, los helados, los columpios y las canicas.

Una hermana mayor, el deshielo, escribir, los vestidos de flores, los conciertos, una tormenta de verano, la siesta, una fotografía bonita, los regalos, un orgasmo –o dos-, apagar el despertador, tu canción favorita en la radio, la ausencia de despedidas, los jarrones con flores, la piel suave, mirarse al espejo –y encontrarse-, la cama deshecha, dormir, cogerse de la mano, una caricia, el eco de la risa, deseos cumplidos, la verdad y el silencio.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.

El amor.



El amor real, sincero y peligroso.

martes, 24 de marzo de 2015

Explosión en tres, dos, uno.




Hoy he cogido un atajo para llegar antes a cualquier sitio en el que no estuviera yo.

Me he prohibido quererte como el que se prohíbe fumar cada lunes, 
ya ves; 
no tengo fuerza ni voluntad para dejar de dolerme.

Quien tiene una herida, tiene un tesoro;
por haber querido hasta sangrar, 
hasta después del punto y final,
hasta cuando lo único que puedes hacer es odiar.

Tengo que decirte que desde que te conozco, me desconozco;
que desde que pusiste un invierno de por medio, no me quedan pretensiones;
y, además, he dejado de intentar darte razones porque me quitaste todos los motivos.

He tenido miedo, por mí y por todos mis compañeros; pero por ti primero.
He tenido miedo y ya no me queda más, se me gastó la última vez que salté al vació por tu boca, resbalé por tu pecho y me dejé caer entre tus piernas.

Háblame del olvido.

Dime cómo y cuándo.

Quiero decir, que por qué sigues aquí si ya no estás y cuándo piensas irte, joder.

Cuántas veces tengo que dejar de decirte que ‘te quiero’ para creérmelo; 
y quién te crees que eres para seguir siendo quién eres para mí.

Te quise como si no me fueras a romper; pero tengo que decirte que Roma, en ruinas, sigue siendo bonita.

Llegaste a tiempo para salvarme y te fuiste a destiempo como todo lo que se quiere en la vida.

Te he destrozado tantas veces contra mis rodillas que podría afirmarte como mi golpe de suerte;
te he matado tantas veces en mi cabeza que deberían declararme culpable de asesinato en mi imaginación.

Hemos dejado de decirnos todo lo que una vez no nos contamos.

Estamos en paz.
He vuelto de la guerra y quererte siempre me supo a derrota;

lo siento,
pero esta vez me he ganado.