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miércoles, 25 de febrero de 2015

Tengo un plan: tú.




Todavía es domingo y yo me creo un poquito menos cobarde
pero no tan valiente como para exigirte que cruces el semáforo en rojo
o que me abraces teniendo claro que acabaremos en la cama con la intención de desnudarnos.

Tengo el miedo en la palma de la mano y voy a cerrarla;
voy a pulverizar el dolor, la angustia y el tiempo.

Nos hemos mirado con el corazón y nos han brillado los ojos.

Joder, soy un desastre; lo hago todo al revés,
pero me he aprendido de memoria cuántas canciones hay de tu casa a la mía.

No voy a andarme con rodeos: todo apunta a tu boca.

He decidido esconderme debajo de algunas complicaciones y espero que seas lo suficientemente idiota como para querer enredarte en mi risa.

Dejo la mente en blanco y sonrío mientras te miro;
quiero follarte –pienso-
toda la vida –suspiro-.

He soñado que soñaba contigo y me acercaba de puntillas pidiéndote perdón por no haber tachado contigo todos los días del calendario de lo que llevas de vida;
prometiéndote una Navidad cada veintitrés de junio.

Después del miedo vienen tus brazos y yo no paro de pensarte con las manos y mirarte con la boca; verás, quiero que me toques con los ojos y gimas con las ganas.
Quiero que te corras de risa y te mueras de orgasmos.

Entre cervezas, vino, promesas y algunas noches sin dormir me he visto desde fuera subiendo a lo más alto solo para verme caer desde más arriba y aterrizar en cualquier parte en la que tú me esperes.

Yo solo vengo a decirte que quiero enseñarte las estrellas; solo necesito un espejo y tu reflejo.

Si me das un momento te voy a querer toda la vida.

Lo que tengo para ti es mi corazón, 
voy a cerrar los ojos y a arder en los deseos que nos quedan por cumplir.








domingo, 15 de febrero de 2015

Capítulo uno; verdad número ciento veintiséis: vuelan cuchillos.



‘A las personas también se las lleva el viento’.

Miguel Gane.

Yo un día viví del aire que había entre nosotros,
del miedo,
de la distancia.

Viví de la puta rabia que me desgarraba la garganta,
los domingos cargados de restos,
la impotencia de un buzón vacío.

Creo que deberíamos habernos tocado más y habernos matado menos.

No hablo de tiempo, hablo de excusas. 
No me dejaste sonreírte entre dientes ni dibujarte el mundo bajo el ombligo. Ya sabes por dónde voy; no te declaraste.
Culpable.

El suelo está lleno de trampas y yo nunca he sabido volar.
Tal vez te rendiste o es que yo nunca he querido jugar. 
Nunca supiste mirarme mientras dormía ni salvarme del mundo. No tuviste capacidad de adicción; pero es que yo, tampoco.

Cuánto daño acumulaste en las comisuras de tus labios para después soltarlo como un veneno, dulce y lento, por cada poro de mi piel.

El vértigo a la velocidad de la luz de la luna que nos alumbraba mientras corría en dirección opuesta a todos mis principios sólo porque huyeras del pasado.

Me asusté del frío de cada palabra vacía y volví a las hogueras del principio, 
a las sábanas de tu conversación y al exceso de risa nerviosa que delataba mi pánico a perderte.

Me retorciste la sonrisa hasta dar la vuelta a mi mueca y convertirla en una ventana vacía y muerta.
Cogiste las ocho letras de un ‘te quiero’ y las convertiste en las nueve de un ‘no vuelvas’. 
Quizá me faltó sentido común y un poco de literatura; 
quizá no supe ser escalera al cielo ni tu boca de incendios cuando te faltaba calor. 
O es que no te diste cuenta de que el mapa era el puto tesoro ni que amontonaba los libros solo para acumular algo que no fuesen lágrimas.

Me asfixió tu indiferencia y entonces me fui de ti inconscientemente.  

He colocado tu recuerdo en el cajón de la lencería pero sigue sin dejarme dormir y eso que han pasado más de ciento veinte días desde que dejé de intentar cruzarme con tus silencios.

La suerte es la mentira más universal que conozco y la felicidad la utopía más extendida que me gustaría conocer.

He empezado a escuchar nuestras canciones y ahora solo oigo cómo crujen las paredes de este desorden de lágrimas.

A la mierda.
A la mierda tu boca, tu brillo de ojos y tus abrazos.

Me golpeo con los kilómetros que dejaste entre tú y yo.

Quería decírtelo; no soy nada buena cuidándome pero nunca me sacaste a bailar ni supiste desbordar los vasos ni mirar por debajo de mi falda.

Tuve que aprender a descifrar tus gestos, buscarte entre palabras y a jurarme cada día que cambiaría al día siguiente.

Después de todo, estoy bien; una retirada a tiempo también es una derrota pero sigo corriéndome en tu boca cada vez que cierro los ojos.
Después de todo, antes de ti, no había nada.
Después de todo.. Sigo en pie, al borde del precipicio, preparada para enamorarme de cualquier cuervo que quiera sacarme los ojos. 

Tengo un espectáculo en el corazón,
una peli porno en el pecho y 
una habitación con vistas al mar en mi sexo.

Son las 5:35 y lo he llenado todo de horas muertas.
Son las 5:36 y lo he puesto todo perdido de ganas de follar.
Son las 5:37 y me he dado cuenta de que la oscuridad no es más que falta de libros en una estantería.

He bajado las persianas y matado al tiempo,
me he metido en la cama evitando cualquier motivo para salir de ella.


Hoy también es mañana por la tarde y sigue siendo de noche;
y a mí,
por más que me tape los ojos,
me siguen dando miedo las mentiras.





martes, 10 de febrero de 2015

Te quiero.




Eres el amor de mi sexo.


Imagínate la noche más fría y el sexo más sucio.

Unos dedos caminando por tus inviernos para calentarlos.
Una lengua haciéndote cosquillas en las promesas que nos hacemos.
Una lluvia de sonrisas, pero por dentro.
Una revolución en tu pecho.

Me excita tu risa, me pone tu voz y me corro viéndote amanecer.

Imagínate la mirada más constante y las ganas de morirte de ganas.

Una puta en cualquier parte, pero contigo.
Unas bragas prohibidas, unas manos teñidas de sexo, la música de tu orgasmo.
Un cuerpo bailando en saliva.
Una tristeza que no es tuya.

Me excita la manera que tienes de romperte, me pone tu corazón y me corro mirando cómo existes.

Imagínate al tiempo pidiéndome espacio y al mismísimo sol acomplejado por tu luz.

Un polvo suplicando que le echemos.
Una espalda hecha de poesía y camas calientes.
Un mes de marzo que empieza en enero.
Una fiesta en tu sexo.

Voy a hacerte madrugadas de canción.

Voy a quitártelo todo hasta ponerme toda.

Voy a jugar con la lengua hasta que memorices mis bailes.

 Voy a follarte haciéndote el amor,

deshaciéndote la vida,

queriéndote en espiral. 




domingo, 1 de febrero de 2015

Y nada. Eso. NADA.





'Sentir frío es terrible, y vosotros lo comparáis con el invierno',


Se me ha olvidado sonreír.
he dejado de intentarlo;
nos quedamos a mitad de camino entre ninguna parte y ningún sitio.

Me agarro a lo primero que pillo: un recuerdo;
me acuerdo del miedo y de las cosquillas,
de la caja de música rota que me regalaste, de tus excusas y de los silencios.

Tampoco es que quede rastro de las promesas ni el sexo, pero lo hacíamos tan bien que estoy lo suficientemente colocada como para decirte que tu sonrisa era una puta maravilla y que deberías haber sido más valiente.

Me declaro indecente, estúpida y usada.

Solo quiero tirar el pasado por la ventana y abrir la puerta para que se escapen las mariposas,
Poner alguna que otra trampa en el recuerdo y dejar hueco a la tristeza.

Ojalá nunca me hubieras subido al séptimo piso, aquí no hay ascensor y las alturas no son lo mío.

Igual que tú.

La falta de opciones siempre me ha provocado náuseas y me muero de rabia una vez por semana desde que no me escondo en tu boca.

Es domingo por la noche;
nieva,
y a mí ya no me duele nada.


Todo ese frío de ahí fuera, yo, lo llevo por dentro.
Imagínate lo poco que me importo.



No sé si esto es el principio de todo
o el final de nada.